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Un verano siendo escritora a tiempo completo.

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Un verano siendo escritora a tiempo completo.

En junio me propuse una sola cosa: aprovechar el verano al máximo para escribir. Eso se desglosaba en varios puntos, en varios proyectos y cosas que empezar y terminar, pero el objetivo estaba claro: iba a vivir el verano como si fuese escritora a tiempo completo.

Y me complace anunciar que lo he hecho.

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Photo by Jessica Lewis on Pexels.com

Con este post no pretendo regodearme de ello y decir que soy la caña por haberlo logrado, principalmente porque el verano pasado solo me propuse terminar una (1) novela y no lo conseguí en el margen que me di ya que el calor me afectó más que este año. Lo único que pretendo hacer ver es una cosa: se necesita tiempo para escribir (y una habitación propia, como ya dijo Virgina Woolf). Y con tiempo me refiero a sacar una hora al día para dedicarla a la escritura (que en parte también), sino a tiempo real. Tiempo para poderte pararte a pensar si de verdad la trama va por donde tiene que ir, tiempo para dejar reposar la historia aunque sea una semana, tiempo para disfrutar de la escritura y no dedicarle la hora que te has apartado, hacer check en la agenda y a lo siguiente.

Lamentablemente, eso es algo con lo que muchas no contamos. Tampoco yo misma en los meses de curso escolar.

He escuchado muchas veces que hay que tener una rutina de escritura para que las musas te pillen trabajando, pero lo cierto es que para la mayoría de nosotras la escritura no es (al menos todavía) algo que nos dé de comer. Así que, mientras tenga mi otro trabajo que paga mis facturas, no me voy a flagelar por no escribir todos los días todo el tiempo. Lo que he conseguido hacer este verano ha sido una especie de experimento que ha salido bien.

¿En qué ha consistido?

Desde el 8 de junio hasta día de hoy, 31 de agosto, he trabajado en mis historias todos los días salvo ocho.

Digo «trabajar en mis historias» porque la tarea de un autor no es solo escribir. De eso me di cuenta hace algún tiempo, cuando, en los días que estaba corrigiendo para la editorial la primera versión del witchy, me di cuenta de que después de varias horas de ordenador con ello no me quedaban ojos para darle a las teclas. Trabajar en las historias va desde escribir hasta: corregir, reescribir, releer, planificar o documentarse. Hay días en los que el número de palabras no sube (a veces incluso baja) y aun así puedes haber estado media tarde dedicándosela a tu trabajo de escritora.

Así que he dedicado algunos de esos días a escribir, otros a releer, otros a corregir, uno solo fue entero para documentación y planificación… La verdad es que ir cambiando de tarea me ha ayudado bastante, porque la carga cognitiva que preciso para escribir y la que preciso para releer son diferentes y desiguales. Aun así, unos días fueron mejores y otros peores. Algunos días sacaba dos mil palabras y otros doscientas. Unos días releía un capítulo y otros tres.

También te digo que no he llegado a cumplir todos los propósitos que me anoté en junio. Fui demasiado optimista en ese aspecto. Me ha faltado reescribir una historia durante el mes de agosto.

Propósitos cumplidos

  • Terminar y corregir* la segunda parte del ámbar.
  • Terminar de releer y corregir* lo que publico el año que viene.
  • Escribir y corregir* un middle grade.
  • Escribir y corregir* el proyecto Gabriela.
  • Además, he descubierto que mi ritmo de tecleo (concentrada y sin distracciones) es de hasta 2.000 palabras por hora, lo que era un dato que hasta ahora no tenía y me parecía importante saber como escritora.

*cuando hablo de «corrección», no se trata de la versión corregida de ninguna editorial, sino la mía propia que hago antes de enviarla precisamente, corrigiendo sobre todo errores ortográficos que se me hayan escapado o fallos de trama de los que no me haya dado cuenta.

Si quieres saber más sobre estos proyectos puedes hacer clic aquí.

Algunos días han sido de escribir, pero otros han sido solo de releer o de corregir. Como decía antes, ha habido días muy buenos y días malillos. Me he permitido algunos días libres (tomaos más que yo, que siete en casi tres meses son muy pocos) y he ido sin agobiarme, principalmente he escrito tanto porque me apetecía. Le tenía muchas ganas al proyecto Gabriela, que ha sido casi lo que más tiempo me ha ocupado (después del ámbar II, lo que pasa es que con este proyecto he sido mucho menos constante).

Lo he hecho principalmente porque quería saber hasta dónde podía llegar. Quería pararme y pensar: oye, si algún día puedo dedicarme a esto todo el tiempo, ¿cómo sería? Y lo he hecho. Ha sido agradable y muy, muy gratificante comprobar que, quitando la variable que más tiempo me consume, escribir se convierte en una tarea mucho más sencilla.

Así terminan las reflexiones de mi verano como escritora.

Si has llegado hasta aquí: mil gracias por leer.

Si me quieres comentar algo al respecto: estoy en redes, en comentarios o en el email del apartado de contacto.

Si te has quedado con el gusanillo de si probar tú o no: de verdad que te animo a que lo hagas.

Un abrazo,

Natalia.

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