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Me han rechazado catorce veces

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Los rechazos editoriales forman parte de la escritura (¿por desgracia?) y te cuento cómo los vivo yo porque hace falta tener la perspectiva de las dos partes: la buena y la menos buena.

Normalmente en redes se ven triunfos por todos lados. En parte tiene lógica. ¿Cómo vas a retuitear a alguien que han dicho que no? A lo mejor piensa que te estás mofando. Sin embargo, un retuit a una nueva publicación, a alguien que ha terminado su novela, es algo a compartir, algo de lo que te alegras.

Me han rechazado catorce veces.

Y estas son solo las que he podido contar (sí, llevo la cuenta, cada vez que me llega un rechazo lo anoto en mi diario de escritura). Ha habido muchísimas veces en las que no he obtenido respuesta. A lo mejor este número de noes es mucho más alto y todavía no lo sé. Con los relatos es mucho más fácil, porque normalmente hay una fecha orientativa en la que se ha dicho que se va a dar el fallo o en cuanto ves que se publica la antología sabes que no te han seleccionado, aunque haya habido silencio. Pasa lo mismo con los premios.

Con las convocatorias de manuscritos al uso es otra historia. Hay historias que mandé en 2021 y que, por motivos obvios, doy por rechazadas.

Agradezco los rechazos. El silencio es peor. Durante el silencio no sabes si seguir moviendo la novela, por si acaso, si darla por perdida, si darle otro repaso, si mandarla a (más) betas para ver si le sacan fallos nuevos… Mientras no te responden, la incertidumbre de si será lo suficientemente buena o no te reconcome.

(Aunque una negativa editorial no significa que la novela sea mala, pero de esto han hablado algunas editoriales por sí mismas).

Balance

Me han rechazado catorce veces entre novelas y relatos. La primera fue en 2019 (fue el primer año que mandé algo a algún sitio). También fue el año en el que eligieron «Zapatos de cristal» para la antología Érase Otra Vez. Se podría decir que en estos cuatro años he tenido catorce rechazos y ocho historias aceptadas (cuento todas en las que haya habido proceso de selección, haya sido con editorial o no, y contando con la que publico el año que viene). Aunque el balance es matemáticamente negativo, también es normal, porque una sola historia la mandas a diez editoriales (algunas a ver si suena la flauta aunque se vean muy lejanas) y solamente se puede publicar en una.

A día de hoy, tengo algunas historias de las que estoy un poco así esperando respuesta.

Algunas de esas hace casi un año que las mandé y todavía no sé si ha pasado el tiempo suficiente para darlas por rechazadas o si no ha pasado el bastante como para que hayan llegado a ella y tengo que esperar un poco más.

Los rechazos editoriales no son el fin.

Sé que cuesta verlo, sobre todo cuando empiezas, porque te planteas si el camino que has escogido, si este sueño que tienes, va a ser posible o no. A lo mejor queda raro que diga yo esto, así que voy a poner el tuit de Akane Editorial que, sin duda, sabe más de esto que yo:

Tengo una historia que ha sido rechazada tantas veces que se me ha quitado de la cabeza intentar moverla más. Es una historia que escribí en 2020 y siento que mi escritura ha cambiado mucho desde entonces. Estoy casi segura que si la vuelvo a abrir a día de hoy necesitaría una reescritura total.

A la vez, ese año fue bastante clave para mí a la hora de tomarme la escritura más en serio, a decirme que a lo mejor valía para esto y que lo de publicar podría ser algo más tangible que un sueño y fue la primera novela que escribí en esa nueva etapa. Ha tenido trabajo posterior, pero sin duda en estos tres años he aprendido mucho y necesitará más todavía.

Ahora bien, pese a que creo que igual nunca vea la luz, no se me ha pasado por la cabeza dejar de escribir, ni siquiera dejar de mandar historias a editoriales.

Feedback

Algunos rechazos duelen más que otros, pero he aprendido que no es nada contra , sino con algunos puntos de la historia. Lo sé porque muchas veces me lo han puesto en el cuerpo del email. Me han animado a seguir escribiendo, me han comentado que la prosa es buena o que los diálogos están bien puntuados. Incluso que les gustaría leer otras cosas mías en el futuro.

Y son personas que no tienen por qué mentirme o dorarme la píldora: solo soy una de las cientos de escritoras que les mandan manuscrito. No soy nadie especial y simplemente podrían mandarme un email genérico en el que me digan: «No nos interesa tu manuscrito» y ya. Si se toman el tiempo y la molestia de darme un feedback, me lo tomo en serio.

Así que los rechazos editoriales no me hunden. Me duelen, sobre todo en determinados casos porque lamento que a personas que ya conozco y con las que ya he trabajado a lo mejor no hayan disfrutado del todo de la historia o por no volver a trabajar con ellas (al menos todavía). Al final me lo he acabado tomando como cuando echas currículums y te dicen que no; escuece, pero no significa que nunca vayas a tener una oportunidad.

Pase lo que pase, no te desanimes y recuerda que al otro lado puede haber alguien a quien le guste tu historia tanto como a ti.

Un abrazo,

Natalia.

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