La primera entrada que dediqué a este blog fue la de «Un verano siendo escritora a tiempo completo». Desde aquellos dos meses de verano que pude dedicar en exclusiva a romantizar mi vida e imaginármela como si fuera escritora y solamente escritora, he pasado algunas rachas de tiempo en las que lo he repetido: otros veranos, vacaciones…
Ese verano hice muchas cosas, pero principalmente escribí El don de Gabriela.
La idea me había surgido unos meses antes, no sé exactamente cuándo, no te voy a engañar. La novela como tal la empecé en mayo pero por varios motivos no llegué a escribir más de 5.000 palabras. Cuento con que la empecé oficialmente un mes después, justo cuando me dieron las vacaciones.
Y la terminé en agosto.

Escribí 90.000 palabras en 7 semanas.
La respuesta corta a la pregunta es que lo conseguí obsesionándome. Esta novela me obsesionó a unos niveles extraordinarios. Era la historia que necesitaba contar en el momento en el que necesitaba contarla.
Dejando el nivel obsesivo a un lado y teniendo en cuenta el que tenía todo el tiempo del mundo, no resulta muy complicado sumar dos y dos. Dale a una escritora tiempo y obsesión y te dará una novela. Además, diría que una buena novela.

El don de Gabriela habla de precariedad, de presión laboral y relación tóxica con el trabajo. También de cómo y de qué manera nuestros planes no salen muchas veces como hemos planeado. Habla de grupos organizados que fingen ser una familia porque te necesitan y empiezan a tratarte mal en cuanto cuestionas sus prácticas.
Si quieres saber más, haz clic en la imagen.


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