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Las redes sociales y la escritura.

La culpa de que yo esté escribiendo ahora mismo este artículo es de Ana González Duque y su episodio de podcast: Marketing para escritores sin tiempo.

Es broma, en realidad Ana González Duque no tiene ni idea de cuánto me ha ayudado en mi carrera literaria.

El caso es que con todo el tema de la autopublicación (iba a publicarla el 2 de abril, pero al final la he retrasado porque iba aturullada y no tenía sentido ponerme a mí misma este estrés y sacar la novela con menos calidad) me planté con un calendario de instagram que alucinas. Pensaba publicar todos los días, para que la novela estuviera siempre presente y poder generar interés. Para que el algoritmo me favoreciera. Incluso grabé un tiktok quejándome de las redes sociales y todo el tiempo que tengo que gastar en ellas para ser visible.

Hasta que me paré y pensé: ¿tengo que?

Y después Ana me confirmó lo que yo pensaba.

No soy ese tipo de chica…

Las redes sociales no me van a funcionar nunca, esto es algo que he tardado demasiado en admitir. Aunque ya he superado un poco la vergüenza a hablar a cámara (me la como con patatas cada vez) el tipo de contenido que yo hago o estoy dispuesta a hacer no es viralizable. Si algo se me viraliza y me consigue un repunte de seguidores (me ha pasado en tiktok, pero no en instagram, y eso que llevo más tiempo en esta red social) es de pura chiripa (literal, porque los dos últimos reels que más se han viralizado son los que no tienen ni audio ni nada, los que no he tardado ni medio segundo en grabar). He publicado de forma constante, inconstante, he seguido todos los consejos que dicen todos los creadores de contenido, etc, y, sinceramente, mi crecimiento es tan lento como frustrante.

Llevo en el instagram literario desde 2021 y en tiktok desde 2023. En ninguna de las dos redes sociales llego al millar de seguidores. Y sí que me pica porque veo otras cuentas más recientes conseguirlo en mucho menos tiempo, pero en el fondo no me importa demasiado.

Mi crecimiento no viene de mi contenido. Viene de mis libros. Y eso me gusta. Alguien me lee y me sigue. Coincido en un evento con alguien y nos seguimos mutuamente. Ni hago ni me veo haciendo nunca contenido específico a propósito para intentar hacerme viral. Pero pasa otra cosa: que las redes sociales son como una máquina tragaperras, solo que en vez de monedas, pagas con publicaciones.

El mundo-ca(n)sino de las redes sociales y el mundo de la escritura.

Voy a echarle otro euro, que ya me tiene que tocar el premio.

Voy a subir otro vídeo, que este tiene gancho, CTA y todo para hacerme viral.

Y aquí viene una cosa muy importante que ha dicho Ana: pagas con tiempo.

En diciembre tuve vacaciones de Navidad muy largas y me las pude pasar siendo escritora a tiempo completo. Es algo que me encanta hacer cuando tengo la oportunidad. Además, ese mes contabilicé el tiempo. Me hice mi reparto como si fuera una emprendedora teletrabajando desde casa.

Y la cantidad de horas que eché en redes sociales no son normales.

En realidad esto es en parte culpa mía, porque debería planteármelas de otra manera. Debería crear una gran pieza de contenido en la web y luego adaptarlo a tiktok y a instagram. Pero el contenido no funciona igual, la gente en instagram no lee tanto, no quiere ver reseñas si no son de la última novedad novedosa de romantasy spicy (y yo no estoy dispuesta a cambiar mi forma de leer ni mis lecturas para adaptarme al algoritmo). Tardo mil horas en grabar un tiktok, aunque tenga el guion, y en luego editarlo para hacerlo llamativo, ponerle gancho etc. Y, ojo, editar en vídeo me gusta y da muchas posibilidades, pero me lleva horas.

Horas que pierdo de escribir.

En febrero no he sumado ni una sola palabra a mi manuscrito del proyecto UMU. También es verdad que me he volcado en la autopublicación de El don de Gabriela y en todo lo que conlleva. Pero mi contador no ha sumado.

Esto, aunque me duele muchísimo, no es tan grave, en realidad. Porque el trabajo de escritora da para cubrir 40 horas a la semana y más y la mitad de ellas no se irían en escribir. De esto hablé ya aquí.

El caso es que he llegado a la conclusión de que me voy a centrar en la web.

Adiós al algoritmo. Bienvenido al SEO.

La verdad es que entiendo un poco (muy poco) más al SEO que al algoritmo de cualquier red social. El contenido de la web y de la newsletter me gusta mucho, porque lo puedo planear de antemano y explayarme todo lo que quiera.

Tú que estás leyendo esto quieres leerme, no venir a mi web para scrollear y buscar serotonina fácil. No tengo que jugar con tu mente para atraparte: has llegado a este artículo y has empezado a leerlo. Sabes desde el título de qué te voy a hablar.

No me voy a ir del todo de redes sociales porque al final sí que actúan como escaparate y algunas personas me han dicho que han encontrado mis libros (sobre todo el de Cuando el búho se despierte) por tiktok

. Aportan una perspectiva mía como escritora que, aunque yo misma no comparto mucho mi día a día ni nada, me permite llegar a otra gente. Pero desde luego, voy a dejar de centrarme tanto en ellas y en alimentar mi web. Al fin y al cabo, recibo visitas todos los días desde hace ya más de un año (solo me falló un día, el 27 de julio de 2025, no se me olvidará nunca porque además es mi santo).

Así que supongo que este es el comienzo de una nueva etapa.

¡Te doy la bienvenida a ella!

Spoiler: ahora viene el CTA, el call to action donde se supone que te pido que hagas algo (ya tú haces lo que quieras).

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Estas son mis novelas

Un retelling de La Bella Durmiente
Trilogía Witchypop: una fantasía urbana con brujas ambientada en España
Una comedia romántica navideña ambientada en Nueva York.

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