Es posible que haya elegido el peor momento para autopublicar. En mi defensa diré que no contaba con tener tanto trabajo en esta época.
Por suerte, es trabajo literario, que es el que más me gusta, pero eso lleva a que no le pueda dedicar a la autopublicación todo el tiempo que me gustaría.
Decidí autopublicar a mediados de enero de este año (¿cómo es posible que parezca hace nada y hace tanto a la vez?). Por entonces, mi calendario de trabajo estaba vacío, pero se me juntaron varias cosas de repente tanto de mi proyecto middle grade como de la versión de bolsillo de Cuando el búho se despierte.
Ahora bien, he encontrado un método con el que me he podido organizar medio bien (y digo medio porque siempre hay alguna cosa que salga de imprevisto que te cambia todos los planes). Es una tontería a la que llamo «una cosa al día».

La técnica de una cosa al día.
Este método me permite hacer, sin agobiarme, una sola cosa de escritura al día. No tiene por qué ser escribir un manuscrito, redactar esta entrada cuenta como una de ellas, comprar los sobres para los envíos de El don de Gabriela es otra, comprar el ISBN otra, y así.
Esto me ha permitido sentirme bastante más productiva. Nunca me he considerado una persona súper organizada ni súper estructurada. Siempre he sentido más bien lo contrario, que en el caos me apaño bien. Pero no sé si es la edad o el trabajo de cuarenta horas semanales que noto que la cosa cambia con el tiempo. En lugar de llegar cansada y pensar que no tengo ganas de nada y no ponerme a hacer nada, veo la única tarea de escritura que me he marcado, que adapto en función al día de la semana que sea y a cómo lo tenga.
La agenda digital de Notion.
A estas alturas ya conocerás qué es. Hace un montón intenté organizarme con ella, registrar mis lecturas, mis proyectos, mis metas, pero no tuve éxito. Aunque la cosa está cambiando, lo cierto es que yo sigo sin ser demasiado organizada, por tanto todo lo que sea cuadricularme los días o las tardes siempre me ha sacado de mis casillas, por no hablar de que llevar un registro de cualquier tipo de lo que hago me cuesta horrores (y mira que lo intento, lo intento y lo intento).
Pero este método apañado me gusta bastante. Me he acostumbrado a meterme cada mañana y cada noche e ir ticando lo que hago. Como tampoco son muchas cosas, hace que me sienta productiva. Aunque también la procrastinación es productiva, porque es irremediablemente fácil posponer una tarea al día siguiente.
Además, tiene un punto a favor: puedo escribir entradas como esta desde cualquier lugar y después simplemente copiarlo en la web.
De momento, esta forma de trabajar me está viniendo estupendamente para seguir con el proceso de autopublicar sin morir en el intento. ¡Sobrevivamos como podamos!

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