Romance omnipresente.
Durante el boom de la literatura juvenil que hubo entre 2010-2012, aparecieron un montón de novelas tanto contemporáneas como de fantasía y ciencia ficción, con problemones terribles como una sociedad dividida en facciones, un reality show mortal o el descubrimiento de que procedes de una familia de cazademonios.

Y mi yo de quince años no era capaz de comprender cómo, con todo lo que tenían encima con solo 16 años, encontrasen un hueco para su crush.
Por no hablar de la casualidad de que casi siempre apareciera alguien nuevo en el pueblo y precisamente se enamorase del ser sobrenatural que hubiera por ahí en ese momento. ¿Qué había en las clases de biología de 2010 para ligar tanto con seres sobrenaturales?
Durante esta época, eché en falta algún libro de fantasía en el que no hubiera una trama romántica de peso o que no tuviera romance en absoluto.

Por supuesto, también influye el hecho de que yo no fui una de esas adolescentes con varios romances, ni siquiera con uno muy intenso, como me imagino que les pasaba a muchas otras adolescentes aficionadas a la lectura de los 2010’s. No me sentía representada con gente de mi edad que se profesaba amor eterno los unos con los otros. Tampoco sentía esa necesidad o ese deseo de un romance y no me gustaba que fuera, de alguna manera, una norma no escrita. Que solo con leer la parte de atrás de algunos libros, ya pudieras saber que el chico y la chica iban a acabar juntos.
Esto no es una crítica a los libros que tienen romance. He disfrutado muchísimo de libros románticos y de fantasía con romance. Pero la época en la que eché de menos leer algún libro sin romance (sobre todo de fantasía sin romance) ha repercutido en mi forma de escribir. Y ojo, lo ha hecho para bien, yo creo. Me gusta que algunas tramas no se centren en el romance sino en otra cosa de la vida de una persona, que puedan existir historias y personajes que no tengan una pareja (porque en la vida real también las hay).
La vida más allá del amor romántico.
Me gusta escribir novelas que no tienen romance o con las tramas románticas fuera del foco de la protagonista porque creo que existen historias que no las necesitan, protagonistas (y personas) en cuyas vidas no buscan ni quieren una pareja. Porque hay muchos tipos de amor por explorar, no solo el romántico, y problemas vitales más allá de encontrar una pareja.
En mis libros.
No obstante, en algunas de mis historias hay tramas románticas, en mayor o menor medida, porque fueron concebidas con ellas, como es el caso del proyecto Pheeva, el proyecto UMU (aunque aquí el romance es secundario) o el proyecto Gabriela. Son novelas donde la trama cambiaría sin el romance. En el proyecto Pheeva, porque empieza con un matrimonio forzado; el UMU, porque las acciones de la protagonista cambian porque está enamorada y en el proyecto Gabriela porque parte del conflicto reside en los padres de la propia Gabriela y sus rifirrafes.
Queridas lectoras y queridos lectores, en absoluto estoy en contra del amor ni de las novelas románticas o con romance, no quiero que ese sea el mensaje transmitido con este artículo. Estoy a favor de la diversidad y de darles voz a todo tipo de historias, a todo tipo de personajes (y personas).




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